Navipark: salgamos del mundo princesa rosa

Alguna vez nombro por aquí a mis hermanas…. Somos tres, muy seguiditas, “las tres marías” nos decían. Con la mayor me llevo 15 meses y, aunque muy diferentes, hemos sido, y somos,  muy hermanas. Hemos compartido muchas cosas vitales, habitación de niñas, piso en Madrid de adultas, procesos maternales…

Sin embargo, somos completamente distintas. Ella nació en mes caluroso, yo en mes frío. Ella es de letras, yo de ciencias (una periodista versus una economista). Ella es de carácter extrovertido, yo de carácter reservado. A ella le gusta el teatro, a mí las manualidades. Y ella tiene, algo que yo no y que envidio, un don para escribir.

Hace una hora le he invitado a dar su opinión en mi entrada sobre el castillo de princesas que ayer nos encontramos en Navipark  (ver enlace aquí). Y tengo ya el artículo en mi bandeja de entrada. Artículo que comparto con todos vosotrxs.

Pero antes os presento, para los que no hayáis estado, el castillo de Navipark para princesas:

navipark

Mi hermana Bea opina sobre el castillo de princesas de Navipark

Recojo el guante tirado por mi hermanísima y os dejo por aquí mi opinión acerca del castillo de princesas de Navipark.

Comienzo diciendo que soy madre de dos niñas de 6 y casi 5 años, y miro con ojos atentos su entorno. La pequeña tiene metido a fuego que el rosa y el morado son los colores de las niñas y el azul y el verde el de los niños. Sí, efectivamente, en 2019. Y eso que yo me dejo las neuronas repitiéndole de mil maneras que los colores, colores son. Y que todos los colores son de todos. Pero no hay manera. Y cómo, claro. Los niños lo dicen, las niñas lo dicen. Los juguetes para niñas son rosas. Los anuncios para las niñas son rosas…
Luego tenemos (muy presente después de las navidades y el aluvión de anuncios de juguetes) el mundo princesa. La corona, el vestido largo y los collares. El mundo de la espera del príncipe mirándose a un espejo. Conste que mis hijas tienen disfraces de princesa, collares y coronas. Y espadas de caballero, y trajes de Spiderman, y pelotas de fútbol y varitas de Harry Potter. Juegan a lo que les apetece jugar.
Bien. Volvamos a lo que nos ocupa: Navipark. Aquí mezclamos el momento ocio en el universo infantil, con dos elementos que a mí me chirrían: Un castillo de princesas (es como se define desde Refena, limitando la opción de ocio a las niñas) y el rosa del castillo. Rosa no, rosasúperrosa. Con disfraces de princesas rosas, donde (apenas lo recuerdo, he de decir, me acerqué el año pasado dos minutos con mis hijas y salimos las tres corriendo) solo había espejos para maquillarse. No es solo la cronificación de la asociación simplista rosa-niña y azul-niño. Sino que, y esto es lo que realmente me escuece de todo este asunto, resulta muy frustrante encontrar patrones en el “mundo moderno” que conducen a los niños a saltar, abordar, subir, bajar y luchar y a las niñas a sentarse delante de un espejo frente a sus caritas preciosas disfrazadas de princesas. Los niños disfrutan de un escenario de aventura. Las niñas sedentarismo puro. Adrenalina vs calma chicha. Y no, por aquí no.

En el barco pirata hay disfraces para chicas. En el castillo rosa no sé si hay disfraces de príncipes (pero el simple hecho de que sea rosa, de que desde Refena se diga “castillo de princesas” y esta simplificación en sus cabezas hace que no vayan. Vamos, no vi a un solo niño ahí). Pero parece que hay dos opciones marcadas por el sexo. Y el juego es juego, señores. Miremos un poquito más allá.

Y yo termino con esta crítica de las princesas de Disney en “Ralph rompe internet”

 

“¿Y qué clase de princesa eres?”, pregunta Pocahontas.
“¿Tienes pelo mágico?”, sigue Rapunzel.
“¿Manos mágicas?”, dice Elsa.
“¿Los animales te hablan?”, añade Cenicienta.
“¿Has sido envenenada?”, añade Blancanieves.
“¿Maldecida?”, preguntan Tiana y Aurora.
“¿Secuestrada o esclavizada?”, continúan Rapunzel y Bella.

Vanellope, que sigue respondiendo con negativas a todas sus preguntas, está alucinando en colores: “¡No! ¿Estáis bien? ¿Voy llamando a la policía?”.

Y entonces llega el giro del guión con una nueva pregunta de Rapunzel: “¿Todo el mundo da por hecho que tus problemas se solucionan cuando aparece un hombre grande y fuerte?”.

“¡Sí!”, contesta la niña, a lo que todas contestan a coro, “¡Es una princesa!”.

Isabel ha dejado una idea maravillosa: ¿Qué tal un castillo de piedra con disfraces de princesas y príncipes, de caballeros y caballeras, y donde puedan, además de peinarse, jugar con dragones y caballos, con batallas medievales y rescates, con mazmorras y banquetes?

 

Refena: Toma ideón.

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